Martu Garrote

SE PARÓ EL PÉNDULO

In Política on 16/04/2015 at 11:18

En España, desde la victoria socialista de 1982, o ha gobernado el PSOE, o lo ha hecho el PP, eso que llaman los partidos emergentes el bipartidismo y que no es más que los votos que perdía uno de los grandes partidos los ganaba en parte el otro, en parte la abstención y así iban gobernando uno u otro en función de la participación. Algunos opinamos, quizás tendenciosamente que o es el PSOE quien gana o pierde elecciones, que cuando la participación era alta, ganábamos la izquierda y que cuando nuestros electores se quedaban en casa, ganaba la derecha, en una especie de péndulo del poder que ha funcionado, casi invariablemente durante treinta años.

En 2011, este péndulo alcanzó su máxima expresión con la pérdida de cuatro millones de votos por parte de los socialistas y la subida en seiscientos mil votos del PP a causa de la crisis, de las medidas contrarias a nuestros principios y valores que tomó Zapatero, de la Reforma Constitucional pactada con el PP con agostidad, nocturnidad y alevosía. Y sobre todo de la deslealtad que supuso para nuestros votantes hacer todo esto si contar con ellos, quizás por el bien de España, quizás para evitar un rescate, quizás…

Hoy comentaba mi gurú de cabecera, compañero y amigo, César Calderón, que nuestro 2011 es el 2015 del PP, es decir, que todo hace presagiar una pérdida de votos de los populares similar a la que sufrimos los socialistas en 2011 cuando no solo perdimos el gobierno de España si no también Comunidades Autónomas y los principales Ayuntamientos, pero con un matiz que no es baladí, añado yo, que ni el PSOE va a recuperar parte de esos votantes, ni esos desencantados se van a ir a la abstención, como sucedía hasta ahora, si no que van a pasar a engordar las filas de los votantes de Podemos y de Ciudadanos. El péndulo se ha parado.

Está claro que por mucho que se desinfle Podemos, que se está desinflando y por mucho que el PP consiga controlar la fuga hacia Ciudadanos con la campaña irrisoria de España va bien, la economía mejora, creamos empleo aunque sea precario, lo cierto es que el voto está definitivamente fraccionado en, al menos, cuatro fuerzas y que los gobiernos en mayoría absoluta se han terminado.

El PP se ha dado cuenta más rápido que nadie y ha cambiado su campaña de ninguneo primero y  de acoso y derribo a Ciudadanos, después, por una de acercamiento de posturas con sus más favorables socios de gobierno de cara a las elecciones generales. En el PSOE andamos más despistados, una parte tiene claro que no podemos acercarnos al PP para nada, ni por el bien de España, ni por responsabilidad institucional, ni por el bien común y que hay que andarse con cuidado con su filial, Ciudadanos y sus mensajes profundamente anti sociales, retrógrados, xenófobos y ultra liberales. Pero otra parte, quizás la que ahora nos dirige y los que le soplan en la oreja, venden el Gran Pacto como la única forma de subsistir al tsunami de las nuevas fuerzas emergentes.

El problema es que no piensan en que subsistan los principios y valores del socialismo que cambiaron este país, nos sacaron de cuarenta años de ostracismo y terror y nos colocaron a la vanguardia de Europa, si no en subsistir ellos mismos y sus poltronas. Estos que quieren pactar con el PP para mantener al bipartidismo más rancio en el poder solo buscan no perder su escaño, su paguita y sus prebendas de político profesional y por eso son tan peligrosos, porque están desesperados por no perder su único medio de vida en tiempos de zozobra.

Se paró el péndulo, pero no se acabó el mundo, solo hay que recordar los 136 años de gloriosa historia socialista, de lucha, de persecución, de superación y de grandes logros que han quedado escrito con letras doradas en la memoria de los españoles. Solo queda apelar a nuestros principios y valores y como decía nuestro fundador, no regodearnos en la grandeza de nuestras ideas sino llevarlas a todas partes y recuperar con ellas la confianza de los españoles. Y después negociar, ceder, pactar, hacer Política con mayúsculas para poder seguir siendo decisivos en la salida de la crisis sin dejar a nadie atrás, en el cambio del sistema productivo, en la recuperación de derechos, en la regeneración institucional.

LOCA DE AMOR

In Personal on 12/04/2015 at 20:34

NOTA DE LA AUTORA: los que no creáis en el amor, los que jamás os hayáis enamorado, los que no habéis perdido nunca la cabeza, y el corazón, y la dignidad, y las formas, y las maneras, por amor, no os molestéis en seguir leyendo porque no vais a entender nada.

Samsung 734Lo que me ha inspirado esta entrada tan políticamente incorrecta, ya os lo adelanto, ha sido la lectura de la filtración que algún indeseable ha hecho a los medios de la declaración a la policía de los vecinos de Juan Fernando López Aguilar y su ex mujer Natacha, en la que queda claro que ella ha perdido la cordura por amor, o más bien, por desamor, que es un sentimiento aún más poderoso que su contrario. No entro a valorar si ha habido maltrato o no, que de eso se encargará la Justicia, en la que yo, aún creo y entonces podremos opinar largo y tendido, me limito a empatizar con un sentimiento que conozco bien.

Hablo de la absoluta desolación, la total devastación, la completa aniquilación del corazón que se siente cuando se pierde un amor que lo ha ocupado todo, que se ha extendido como un cáncer poderoso y maligno en una metástasis que anula el yo para dejarnos convertidos en el otro, el objeto de nuestro deseo, de nuestros sueños, de nuestros desvelos, de nuestra vida y que al perderlo nos arroja a un abismo oscuro y hondo del que parece imposible salir ileso.

De antemano os digo que se sale, que hasta los espíritus románticos y enamoradizos como el mío, un poco tendentes a la autocompasión y muy aficionados al drama, acaban aburriéndose de revolcarse en el dolor, de hurgar en la herida durante incontables horas de canciones tristes y de complacerse en la rememoración de los momentos felices que se nos han arrancado sin piedad de las entrañas y encuentran de nuevo la alegría de vivir.

Pero permitidme que me demore unas líneas en ese tiempo en que una, loca de amor, tras haber sentido la herida de un “ya no te quiero” o el infierno de un “no te engaño, quiero a otra” pasa por todas las fases del éxtasis, como Santa Tere y vive sin vivir en una, llora un mar de lágrimas y muere porque no muere. No hay dolor como esa gloria de estar queriendo sin ser correspondida, absurdo, pero sublime, patético, pero hermoso, inútil, pero tan humano que me aterra aquellos que jamás se han sentido así.

De ahí se sale, ya lo he dicho antes, pero hay diversas maneras de salir, todas ellas eficaces y que van, como casi todo, a gusto del sufriente. Mi favorita es “la mancha de mora verde con otra negra se quita” o su versión más ferretera, “un clavo saca otro clavo” y es que no hay mejor manera de olvidarse de un amor que con otro aún más grande y si es posible, que se lo monte mejor en la cama y que nos haga sentir como la Zarina de todas las Rusias.

Otra que tampoco me disgusta es la salida tipo Kill Bill, con una buena venganza, incruenta, eso sí, que no quiero que me venga a visitar la policía por hacer apología de violencia alguna. De eso la copla sabe mucho, como cantaba Rocío debajo de un limonero “hoy lo he visto llorando a mi vera por un desengaño lo mismo que yo”, “que otra hembra lo traiciona como a mí me traicionó”. ¡Ea, qué importa que sea otra el brazo ejecutor de nuestra ansiada revancha, si lo importante es cobrar!

Aunque para ser sinceros, lo más habitual es que el desamor se consuma y desaparezca sin dejar rastro como antes lo hizo el amor “que aquel amor que me abrazaba ya no quema solo escuece” y que sea el mero paso del tiempo el que cure las heridas, pero para ello es condición indispensable dejar de tocarlas. Nada de segundas, terceras, cuartas, quintas oportunidades, nada de un WhatsApp así como sin importancia, nada de un café por los viejos tiempos, no se toca, caca.

Se sale, pero ¡cómo duele mientras se sale!

YO, ANTES, MOLABA

In Personal, Tontunas on 01/04/2015 at 17:41

lunaticas

 

Hace casi una década, mi gran amiga del alma, mi persona, mi conciencia, mi hombro en el que llorar y mi compañera de risas (mantengo su anonimato porque no la he consultado esta salida del armario) y yo, abrimos nuestro primer blog Lunáticas, mileuristas, en la treintena. El nombre fue fácil, a ambas nos fascina la luna, cobrábamos poco más de mil euros, cuando eso era sinónimo de ruina y andábamos por los primeros treinta.

No os canséis buscándolo, por motivos ajenos a nuestra voluntad (nos pillaron los jefes), tuvimos que hacerlo desaparecer sin dejar rastro, lo que fue una auténtica pena porque teníamos entradas memorables, miles de visitas, decenas de comentarios y buenos amigos allí, pero, así es la vida del asalariado. De no habernos asustado tanto con la pillada podríamos haber copiado los post o ponerlos en borradores o imprimirlos o lo que fuera para salvarlos, pero optamos por la opción más radical e irreversible.

Allí no se hablaba de política, o sí, porque política es todo, pero desde luego su objetivo no era crear opinión o fijar postura sino pasarlo bien, compartir anécdotas de nuestra vida diaria algo salpimentadas para que tuvieran más gancho y, sobre todo, desahogarnos. Sí, ese blog era una forma de hacer terapia y de reírnos de todo lo oscuro que nos rodeaba, que no era poco y durante unos años cumplió con creces con su función.

No sé por qué me he acordado de él ahora, quizás porque estoy harta de escribir de política, de sus miserias, de traición, de suciedad y de amargura. Quizás hecho de menos aquel anonimato que hacía que una pudier decir lo que pensaba sin pasarlo por el filtro de lo políticamente correcto, de lo que se espera de alguien comprometido con unos principios y valores. Quizás echo de menos aquella Reput (Martu no era ni un proyecto) que enloquecía de amor, reía hasta caerse de la silla, lloraba un mar de lágrimas, comía sin freno, vivía sin freno. Quizás sea porque anhelo aquella inocencia, aquel idealismo, aquel romanticismo que rodeaba todo lo que sucedió entonces… Quizás, porque yo, antes, molaba.

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